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ORLANDO SÁENZ, EX PRESIDENTE DE LA SOFOFA

admin el 18-10-2017, visto 63 veces 0
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En su reciente libro, "Testigo privilegiado" ( Erasmo Ediciones) recorre buena parte de la historia de Chile, de la cual ha sido testigo de primera fila, describe a personalidades de gran relieve y deshuesando episodios del andamiaje político chileno de las últimas décadas.

Está en la historia de Chile y la ha vivido intensamente. Ingeniero civil de profesión, ha sido director de varias empresas y socio fundador de O. Sáenz y Cía. Profesionales Asociados.

Fue asesor económico del Ministerio de Relaciones Exteriores, embajador de Chile ante la Asamblea General de Naciones Unidas y ante la Asamblea del Fondo Monetario Internacional.

Es tarea compleja resumir un currículo tan variopinto.

Su vida ha sido pública, aunque ahora nos ha sorprendido gratamente con un libro escrito en prosa trepidante, afinando sucesos históricos que conocíamos de manera formal y oficial. Sáenz ha estado en los entresijos de la madeja del poder y no le cuentan cuentos. Trajinando las páginas de "Testigo privilegiado", nos percataremos que ciertos episodios de nuestra historia no son más que sofismas disfrazados de verdades. Pero ahí está la pluma ágil de Orlando Sáenz, que exhibe, desnuda y escruta con rigor litúrgico para regocijo de sus lectores.

Jamás pontifica, trata de darle a sus escritos el sentido común de que carecen los que escriben desde una atalaya auto-inventada.

Con espíritu inquisidor, sorprende su modo de escribir, carente del barroquismo superfluo y de la vanidad camuflada

De niño usted se tuteaba con la historia. Tengo entendido que en el edifico de La Moneda, se sentó en el sillón de O Higgins, que ocupaba solamente el Presidente de la República.

Así es. Lo que pasa es que yo era dirigente universitario, durante el segundo gobierno de don Carlos Ibáñez del Campo. Y ocurre que don Carlos era casado en segundas nupcias con una prima hermana de mi abuelo, doña Graciela Letelier. Entonces, en una ocasión en que vino una delegación de estudiantes peruanos a Chile, y entre los actos que les organizamos se incluía una invitación de doña Graciela para visitar La Moneda. Y como yo era el secretario general de la FEUC en ese momento, me tocó acompañar al grupo.

Fuimos a La Moneda y nos empezaron a mostrar las dependencias. En un momento dado entramos al Salón Rojo. Yo me quedé un buen rato mirando el Salón … y cuando el grupo se fue para seguir conociendo La Moneda, me quedé a propósito al final y solo. Cuando se habían ido todos, corrí a sentarme en el Sillón de los Presidentes de Chile. Fue una experiencia emocionante, pero de pronto se abre una puerta y entra don Carlos Ibáñez, el presidente.

Entonces me queda mirando ¡ y yo me quedé paralogizado de susto !

Y luego agregó: " Tú debes ser mi sobrino " , ¿ eh ?

Claro, mi tía abuela debe haberle contado quien era yo.

Entonces él me toma de un brazo y me empieza a hacer un recorrido por la galería donde están los bustos de los presidentes de Chile. Y ahí recién me atrevo a sacar la voz y le digo: "Pero, don Gabito (González Videla) no está.

Yo sabía que él era muy adversario de don Gabriel González Videla, y me responde:

¡ Hombre, por Dios! Acá se ponen los los bustos de los presidentes una vez que fallecen. Y seguramente yo voy a estar antes que don Gabriel.

Y así fue, pues.

SOLEMNIDAD DE UN CARGO

Todos los presidentes de Chile han merecido respeto. Pero hay una figura imponente, de rostro atrabiliario, de adusto ceño…de mal carácter pero de una sobriedad espartana. Me refiero a Jorge Alessandri.

Usted compartió varias veces con él.

Usted me recuerda una cosa que no cuento en el libro pero que no deja de ser

demostrativa de la personalidad de Jorge Alessandri

Cuando yo salí de la universidad tuve una pega chica en " Ropert Ingenieros ", y de ahí me fui a trabajar a Maestranza Cerrillos. Y estando allí me contrataron como gerente de producción. Y recuerdo que un día sábado …. no trabajábamos los sábados, pero estaba allí pues había algo especial que hacer. De pronto un chiquillo que atendía el teléfono, me dice que hay un señor que desea hablar conmigo. Tomo el auricular y del otro lado un señor me pregunta si nosotros teníamos unos estanques estándar para aguas. Le contesté que sí, que teníamos dos estanques, de mil y de tres mil litros. Y me preguntó por el valor y se lo hice saber. Del otro lado el hombre me pide que por favor le envíe un presupuesto a una casilla determinada. Me mordí la lengua y no le quise decir que no trabajábamos los sábados, pero como tenía pega pendiente acepté su propuesta. Al sábado siguiente, efectivamente me llama de nuevo para decirme que había recibido la cotización y que cerrar el trato. Y a eso agregó, yo le tengo que enviar un cheque, y el próximo sábado. Ahí lo interrumpí y le dije: lo que pasa señor es que nosotros no trabajamos los sábados, usted me ha pillado acá por casualidad. Y entonces me respondió:

Mire… yo soy empleado público, y no puedo atender asuntos personales más que el sábado el domingo. Le pregunté por qué razón y ahí recién se identificó. "Usted habla con Jorge Alessandri, el presidente de la República. Y quiero que estos estanques se instalen en la parcela que tengo en Malloco.

¡ Yo casi me desmayo … era el presidente de la República!

Pero, don Jorge era así. Era un ser increíble y de una sobriedad espartana.

Alessandri era un hombre lleno de virtudes, desde luego. Y fíjese que era una persona con gran sentido del humor, cosa que muy pocos saben.

Es sabido que Alessandri no tuvo buena opinión de Salvador Allende.

Sin embargo, Salvador Allende no disimulaba su admiración por su padre, Arturo Alessandri Palma.

¡ Ah, claro ! Fue el propio Allende que me contó una anécdota y me confesó lo siguiente:

¡ Cómo no voy a respetar a don Arturo, si cuando era Presidente de la República interrumpió el programa oficial en Valparaíso, para ir a ver a mi padre !

¿Qué había sucedido? Ocurre que al padre de Salvador Allende le habían amputado ambas piernas, a raíz de una avanzada diabetes. Y don Arturo, "El León de Tarapacá", siendo presidente, se tomó su tiempo para ir a la casa de los Allende. Don Arturo se sentó en un pequeño piso, al lado del padre de Salvador Allende, que yacía en cama, le tomó una mano y le dijo: ¡Sale del hoyo hombre! Déjate de leseras, la vida no se te ha acabado. ¡ Tu eres notario, no eres futbolista … levanta la frente y sigue luchando !

Salvador Allende me dijo que su padre jamás se olvidó de ese gesto, y agregó: El viejo será todo lo momio que se quiera, pero es venerado por mí.

EN PLENA DICTADURA

Qué opinión tenía Jorge Alessandri de Augusto Pinochet

Entiendo que lo encontraba ambicioso …

Yo creo que don Jorge tenía mala opinión de Pinochet. Recuerdo que una vez Arturo Matte, cuñado de don Jorge Alessandri, me fue a ver cuando yo era presidente de la CCU. Esto debe haber sido en la mitad del año 1974. Yo me había alejado del gobierno militar, pero había aceptado la presidencia de la CCU porque el gobierno quería prepararla para ser licitada … y luego privatizada. Además, la CCU estaba casi quebrada, en un estado calamitoso

Y recuerdo que en medio de la conversación, Arturo Matte me dice que don Jorge (Alessandri) deseaba que yo siguiera con mi juicio crítico hacia el Gobierno Militar. Matte me dijo que don Jorge le había dicho que "a este hombre hay que pararlo". Obvio, se refería a Pinochet.

Entonces yo le hice saber a Arturo Matte mi sorpresa, pues sabía que don Jorge Alessandri estaba trabajando en la nueva Constitución que preparaba el gobierno militar. Y Matte me responde:

" Don Jorge está aterrado con las ideas que Pinochet quiere que se incluyan en la nueva Constitución. Además, considera que Pinochet es un hombre muy peligroso para Chile".

Alessandri encontraba muy ambicioso a Pinochet y no le tenía la más mínima simpatía.

Orlando Sáenz con nuestro medio: ¡ Cuando Ibáñez me encontró en su sillón presidencial , quedé paralogizado de susto!

Fuente: Entrevista Jorge Abasolo