Por Marcelo Segura (*).
A menos de un mes del golpe al mentón que nos dio la derecha, las acrobacias y muestras de genuflexión hacia el presidente electo comienzan a aparecer.
El alcalde de Lautaro, de reconocida adhesión concertacionista, nos sorprende al decir que Piñera será un mejor administrador, que los gobiernos de la Concertación, ocasionando un rico debate al interior de la huestes del no, que comienza a mostrar lo importante que es el confrontar ideas sin pudor, para esta difícil etapa que se viene. La aseveración del edil de Lautaro, es a lo menos extraña por dos motivos.
El primero está referido a la fuente, de donde nace su juicio, que da superioridad al Presidente electo por sobre la Concertación, "me imagino” que tal juicio se basa en los balances de Lan, Chilevisión y la Clínica Las Condes, donde claramente Piñera resulta un winner excepcional. Solo que cabe una aclaración, es muy distinto administrar estos negocios que hacerlo con un país, porque precisamente un presidente no es elegido para que administre, sino para que gobierne, concepto de mayor amplitud y complejidad.
El segundo motivo es que resulta arriesgado afirmar que la derecha lo hará mejor que la Concertación, cuando aun no ponen un pie en la Moneda. La prudencia exige esperar y observar por un tiempo como lo hacen, luego quienes quieran podrán llenar de loas o criticas al gobierno, antes, parece ser un clásico ejercicio de genuflexión.
Pareciera ser que algunos en la Concertación, amparados en la clandestinidad de la conversación, sueñan que les llame algún prócer aliancista y les ofrezca algo, cualquier cosa, que no se note mucho, pero que tampoco sea barrer el piso. La cuestión es quedarse en la silla musical, practica poco decorosa en nuestra coalición de gobierno. Al parecer estos ejemplos son muestras claras, de que antes de la derrota del 17 de enero, un buen numero de concertacionistas venían coqueteando con el empresario, hoy Presidente.
A días del 11 de marzo, aumenta exponencialmente el miedo en los funcionarios públicos. El tema del empleo, carta ganadora en la campaña de Piñera, ocasiona el primer miedo de la ciudadanía. ¿A cuantos despedirá?, ¿Quienes serán?, ¿cuales serán los criterios? ¿Quiénes son y cómo se define a un "tenebroso operador"?.
El conde Vrolock es un niño de pecho frente al miedo que ocasiona la llegada de Piñera, en los ministerios, intendencias y gobernaciones. Un miedo injustificado, alega la derecha, sellando tal afirmación, con una frase de antología “Quien trabaja no debe temer”. La frase es muy buena, pero esconde un juicio categórico lapidario: ¡¡Hay funcionarios flojos!!, ¿Quiénes son? ¿ Cuál es el parámetro para definir su flojera?. Esto suena muy parecido a una cantinela del 73, donde se repetía “Quienes no son terroristas deben estar tranquilos“, sin embargo en cualquier momento de la noche, arrestaban a tu vecino, que a lo más usaba morral y entonaba canciones entre Los Ángeles negros y Quilapayún.
Si el presidente electo dijo que iba a crear un millón de empleos, no se vería bien que en las instituciones públicas comenzara con un despido brutal, fundamentalmente porque quien haya estado en el sistema público, sabe que hay diferencias sustanciales entre quienes ostentan cargos políticos y quienes cumplen tareas de carácter profesional y técnico.
Los seremis y cargos de confianza del ejecutivo deben irse el 11 de marzo, eso es lo que dignamente debe hacer cualquier autoridad que haya sido designada por la Presidenta Bachelet, sin embargo, quienes realizan acciones de carácter mas profesional y técnico merecen un trato distinto y acorde a su desempeño.
Si las nuevas autoridades tienen dudas, deben revisar evaluaciones y en función de eso decidir o en último caso darse un tiempo y reevaluar sus competencias. Si se hace lo anterior, el miedo es injustificado, si sucede en cambio una persecución encubierta contra todo lo que parezca concertación, esta columna se quedara chica y debiese haber calificado como Nosferatu al electo presidente y no como el inocente Vrolock.
Vampiros más vampiros menos, este nuevo escenario permitirá ver con nitidez quienes van a asumir un liderazgo de carácter progresista y quienes van a tener un rol de complacencia frente al nuevo gobierno. Las dos opciones son legítimas, solo que la primera es mucho más útil para recuperar la confianza y recomponer orgánica y programáticamente un nuevo referente para el 2014. Ser oposición no es estar criticando cada acción del nuevo gobierno, pero tampoco es estar celebrando y diciendo que lo harán mejor que nosotros, sin todavía tener una acción concreta de políticas públicas.
"Dejen la luz prendida, que vuelvo pronto" escribía el maestro Guayasamín, para que eso se cumpla el 2014 y volvamos con Bachelet, es urgente y fundamental una oposición republicana y con sentido de País, pero que tenga bien marcado lo consustancial a una oposición: a saber, tener carácter, no ser complaciente y mantener siempre la voluntad, de reconstruir un arcoiris mas amplio y poderoso como el que permitió conquistar la democracia. Si eso está claro, no habrá vampiro que nos asuste.
*Marcelo Segura, ex seremi del Trabajo. Actual consejero regional La Araucanía.












